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Las Flores de mi Casa
Desde que me ví forzado a usar lentes comencé a ver más. Es que cuando tenía yo vista perfecta era inmaduro y trataba de ver solo con mis ojos. Por lo tanto, mi pintura era muy realista, obstruida por la exactitud típica de la facultad de arquitectura. Ahora veo más, pues combino los ojos con lo que ve mi corazón y luego, campechaneando con la imaginación logro cosas más frescas, más espontáneas. Poco a poco voy acercándome a lo mágico y lo místico, aunque con humildad reconozco que en ese terreno soy aún extranjero, sí digo que cada vez veo más cosas mágicas. Por ejemplo, el otro día pasaba yo frente a La Comercial y se me antojó un pan. Soy fanático de los bisquets, así decidí entrar por algunos y de paso por unas conchas para mi casa – a Tere la cocinera del Estudio –Café la vuelven loca. ¿Quién me iba a decir que de pronto, ahí en la panadería, vería yo algo mágico? Dirán ustedes que, como soy pintor, estoy algo loco. El caso es que buscando los bisquets miré por encima de la charola y ví unos labios comiendo pan. No eran unos labios cualquiera… eran carnosos, femeninos y comían con apetito, una boca bonita saboreando exquisito. Como la charola de arriba le tapaba los ojos y no me podía ver, pude contemplarla varios segundos. Discretamente, pero con deliberada curiosidad artística, dí la vuelta caminando pausadamente, hasta llegar al otro pasillo y descubrir de cuerpo completo a la propietaria de los labios que comían pan. Ahí estaba: una señora bien vestida y guapa, a pesar de no tener maquillaje. Pasé junto a ella sin ser obvio. Me pareció una escena digna del cine francés: simplemente una mujer guapa, sin pintar, pero bien vestida, comiendo pan dulce mientras pensaba y decidía qué otras piezas llevar. A algunos de ustedes lectores tal vez le parezca simplón, pero a mí, me pareció fantástico. Claro que yo he sido uno que se ha metido a ver varias veces la misma película con tal de dibujar en su cuaderno los sensuales labios de alguna actriz -acompaño a este artículo una foto de la pintura que después me resultó. No quise ser maleducado ni atrevido, así, tras el breve vistazo me seguí de largo por el pasillo del pan, como si nada. La señora hizo igual. Creo que no me vio.

La cantidad de información que uno puede obtener de un solo vistazo es considerable. Se ve por ejemplo, la clase de ropa, el gusto, los hábitos, la pulcritud, la actividad o posible ocupación…y se suponen muchas cosas. Si la mujer lleva un buen vestido en vez de short y chanclitas, si además es blanca, alta, lleva sus manos y su pelo bien arreglados, usa aretes grandes y buen perfume, es posible que sea Tapatía, o en algunos casos afortunados, de la Ciudad de México. En la fila del super se puede uno entretener suponiendo historias de las diversas gentes, cuya veracidad por lo general no se nos concede confirmar- las filas son largas en La Comercial, pero como el pan es muy bueno, me las aguanto. Minutos mas tarde ahí en la fila, coincidimos. Suspendidas alrededor de sus labios carnosos había unas cuantas migajitas de pan. Se veía lindísima, toda arreglada y limpia, con su pelo oscuro bien peinado y las migajitas blancas alrededor de la boca. Como excusa para poderla mirar me ví entonces obligado a comentar: “es bueno aquí el pan, ¿no?”… y de ahí siguió una conversación que confirmó mis deducciones; ella respondió hablando de usted y no tuteando, pero con amplia sonrisa. La espera de la fila se tornó muy amena.
Al partir me pregunté si debía haberle dicho que tenía esas migajitas en su boca…pero no, porque eran parte de lo que hacía la escena hermosa e interesante. Además, una mujer así tendrá quien le diga de las migajas, o se las coma. Enviar a un amigo
Federico León de la Vega
E-mail: fleondelavega@prodigy.net.mx
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Nota de Autor: Este es un capítulo de un libro de mis aventuras como pintor.
El Estudio – Café de Federico León de la Vega esta abierto al público, se localiza en Paseo de la Marina 31, Nuevo Vallarta, Nayarit. Abierto de Lunes a Sábado de 8:00 a.m. a 8:00 p.m. Domingos de 8:00 a 11:00 a.m.
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